ALEJANDRO 19th

Aunque tú no lo creas 
 tu niño se ha hecho hombre 
 ya no valen promesas 
 ni excusas ni reproches. 
Aunque tú no me entiendas 
siento orgullo al pronunciar tu nombre 
y seguirte las huellas. 
Aunque tú no lo sepas 
vas colgada a su espalda 
y su cuerpo se queja 
y acelera su marcha. 
Pronto habrá otra puerta, 
una nueva mañana, 
en que libre te sientas 
y despliegues tus alas. 
Aunque tú no lo veas 
te hemos querido tanto 
por ver tus manos llenas 
olvidamos el cuánto, 
proyectábamos metas 
sofocando tu llanto 
dibujando con besos 
la sonrisa en tus labios. 
Aunque tú no lo creas 
eres todo un artista 
tu corazón es de oro 
tu mente de alquimista.
Que fortuna es tenerte 
disfrutar de tus días 
verte volar bien lejos 
sin perderte la pista.

FRUTAS DE ARAGÓN

El domingo fuimos a votar a la hora del aperitivo: hora punta en el colegio electoral y de aforo completo en los bares cercanos. 
En los pueblos pequeños, ya se sabe, nos conocemos todos, nos saludamos todos con cordialidad; te acercas a la barra y siempre hay un grupo de gente con quien entablar conversación y compartir unas cervezas. En el colegio electoral, con los apoderados, pues más de lo mismo, qué tal va la participación, cómo llevas la jornada, para todos hay unas palabras amables, independientemente de cuál sea el color del distintivo que lleven colgado del cuello, pues el que no es familia, es amigo o vecino. 
En mi pueblo, te toca votar en una de las tres mesas electorales, en función de tu apellido. Cristóbal, en la primera aula a la derecha; Moreno, en el aula del fondo. Al entrar a mi aula, me cruzo con mi amiga -su apellido comienza por A- y su novia. Con los miembros de la mesa electoral otra charradica: ¿Qué tal va, pues? ¿Cómo lo lleváis? La presidenta de mi mesa es una chica joven, risueña, alta, seguramente la hija de alguien que se ha hecho adulta sin yo darme cuenta. Lleva el pelo cubierto por un hiyab, detalle que me hace pensar si será esta la muchacha que hace un par de años sacó la mejor nota de la Evau de los alumnos del instituto. Le entrego el DNI, me sonríe, ayuda a su compañero de mesa a localizarme en las listas y, cuando mi participación ha quedado registrada me indica, con un ya puedes acompañado de una sonrisa aún más amplia, que puedo introducir el voto en la urna. 
 En mi pueblo, en la actualidad, hay 1785 habitantes. Votaron casi 1.200 (el 67%, no está nada mal). Solo 130 votos fueron para los partidos de ultraderecha (el 15%); pero hace tres años habían sido 57 (algo menos del 6%) y hace 6, apenas 21 (un residual 2%). Un ascenso exponencial que da miedo.
Últimamente, tengo un pensamiento recurrente: si mi abuelo pudiera ver el panorama, le causaría tal desconsuelo que se alegraría de no estar vivo. 
Hace treinta años, siempre había uno o dos votos a Falange Española, que casi podías adivinar de quién, de alguno de los hevitrones del pueblo, más por enredar que por ideología. Hoy es difícil poner nombres y apellidos a esos 130 retrógrados en un pueblo donde la escuela sobrevive a base de agrupar varios cursos en la misma aula, en el que puedes comprar una vivienda unifamiliar con nueve dormitorios, bodega y corral por 63.000€, y en el que la asistenta social no da abasto para tramitar las solicitudes de ayuda a la dependencia de una población cada vez más envejecida. 
En resumen. En Aragón, El PP se esbafa, el PSOE se estozola, Izquierda Unida y Teruel Existe se esbarizan, y aunque la Chunta recibe un buen empentón, el más rufo y ufano es VOX. 
 En conclusión: un chandrío.

RECETARIO

Frente a la prepotencia, paciencia; Frente a la indignación, tolerancia; Cultura contra la ignorancia y para hacer política, sapiencia. Para la pereza, constancia Frente al extremismo, templanza Para el despotismo, justicia Generosidad contra la avaricia y para el que sufre, una sonrisa. Escuchar en lugar de oír; Callar, cuando no haya nada que decir; Teniendo dos orejas y una boca Hablar a gritos es siempre una derrota Madrugar perturba el karma Trabajar es un bien necesario El amor, en calma El sexo, apasionado El café, en taza En vaso de caña, la cerveza Los pies, en el suelo Y sobre los hombros, la cabeza.

PALABRAS QUE TEJEN ABISMOS

 

PALABRAS QUE TEJEN ABISMOS

ABISMOS QUE CREAN SILENCIOS

SILENCIOS QUE PONEN DISTANCIAS

DISTANCIAS QUE PROVOCAN MIEDOS

 

MIEDOS A PERDER LOS AMORES

AMORES QUE ENJUGAN LAS LÁGRIMAS

LÁGRIMAS AUSENTES DE BESOS

BESOS CON LOS QUE PASAR PÁGINA



CANFRANC


Dejarnos llevar a cualquier lugar del Pirineo

y seguir descubriendo sus sendas

siempre es un placer para los sentidos.

Paisajes inmensos, sinfonías de olores,

formas y colores de una Naturaleza seductora,

cuya brisa nos envuelve y enmudece

para que, nuestras palabras, no enturbien su lenguaje.


Volver a Canfranc siempre es un regalo;

su estación, su historia, sus leyendas, sus mitos, …

protagonista indispensable e indiscutible

de momentos de plenitud capturados en la retina,

de recuerdos destilados por la memoria

que forman parte del álbum de recuerdos de nuestra vida.

Tras veinte años caminando juntos,

compartiendo miradas que rompen silencios,

he elegido el lugar perfecto de uno de esos momentos para no olvidar.

Aquí, en Canfranc, alzo mi copa y brindo contigo

por muchas sendas infinitas por las que transitar.


SIN SENTIDO(S)


Mi mirada capta la instantánea

de la quietud

de un día soleado de agosto

en plena montaña.

Solo el caminar de las vacas

y el vuelo de las aves

ponen movimiento

a la imagen estática que hay ante mí.

Verde paleta cromática

verde prado

verde bosque

verde vida

verde paz.

Mis oídos perciben

el sonido de la brisa

susurrante,

el sonido del silencio

apenas roto por el canto de los pájaros,

algún graznido acompasado

y el lejano tintineo

de los cencerros del ganado.

Huele a inmensidad,

a nada,

a fresco,

a sol,

a tierra y agua.

Huele a verde.

Huele a libertad.


Pero el sabor es agridulce.

Las noticias recientes

traen amargura al cielo de mi boca,

nubes grises a las cuencas de mis ojos

y gélida palidez a cada poro de mi piel.

Mi pensamiento lleva días secuestrado

en un lugar llamado Kabul.

Contemplo el paraíso ante mis ojos

Y me estremezco al pensar

que también de este lugar un día

muchos huyeron

dejando atrás su pueblo,

la que hasta entonces era su vida,

privando a sus ojos

de la belleza de una tierra

tan bonita y tan querida.

 


Aunque la tierra escupa fuego,

la ciudad se vista de hielo,

o el agua inunde las calles,

ojalá a nadie le falte un techo bajo el que cobijarse.

Cuando aceche el peligro

la única salida sea la huida

y el futuro flote a la deriva

Ojalá haya un abrazo que te amarre la vida.

 

Ojalás que esconden dudas.

Ojalás que esconden nuncas.

                                                             Pirineo Aragonés, Agosto 2021


Es solo música

 Inspirado en la obra Crucifixus, de Jose Alberto Pina

Deja que te despoje de religiones,

de creencias,

de tradiciones;

deja que me acerque a ti sin prejuicios

ni segundas intenciones.

No importa cuál sea tu nombre,

no importa con qué fin te parieron,

eres preciosa y

solo tu belleza me importa.

Solo quiero escucharte,

sentirte,

disfrutarte,

que tus sonidos penetren por mi oído

lentamente,

como un susurro,

conquistando mi corazón.

Melodías entrelazadas que se abrazan

y me abrazan,

acariciándome el alma,

erizando mi piel,

mientras tu sublime sencillez me envuelve,

me arrulla,

me mece.

Me llenas de paz

y me estremezco.

El sentimiento estalla en mi pecho.

La emoción aflora en mis ojos.

Mis pies no tocan el suelo.

           

Salvoconducto


     Hoy, al volver a casa, he buscado en mi biblioteca el libro Desertores, la guerra civil que nadie quiere contar, de Pedro Corral, Debate, 2006. He abierto sus páginas por el capítulo 51, que lleva por título Historia de Benjamín Sánchez Moreno, sargento franquista, guerrillero republicano, y he releído el párrafo donde se cita la palabra que estaba buscando:


«El teniente Víctor Moro me quería mucho, claro que yo sabía quién era él y él sabía quién era yo, porque los dos éramos de izquierdas. (…) Cuando llevábamos veinte días en el frente, le pedí al teniente Moro un salvoconducto como que iba de comisión de servicio, y me vine al pueblo para ver a mi novia y a mis padres.»


     “Salvoconducto”. No había vuelto a escuchar esta palabra hasta hoy. Es más, estoy segura de que nunca la había utilizado fuera de este contexto, de la historia de mi abuelo. Al rememorar su relato, siempre lo he imaginado llegando a los controles militares y contestando ante la solicitud exigente de “¡Documentación!” con un “Camarada, viajo en misión especial” mientras mostraba aquel trozo de papel todopoderoso que acallaba cualquier pregunta y abría todas las puertas. 

     Y os preguntaréis por qué os cuento esto. Bien, os lo explicaré.

     Hoy mi empresa me ha dado un salvoconducto que me permite salir de casa para ir a trabajar. Un documento en PDF donde yo misma he rellenado mi nombre y mi lugar de trabajo. Así de fácil y así de asombroso. Un salvoconducto. 
     Vale, no estamos en guerra, pero la situación comienza a parecerse, hasta en el léxico usado para nombrar las cosas: estado de alerta, s a l v o c o n d u c t o…. ¿Qué será lo próximo? ¿Cartillas de racionamiento?

     He estado pensado en qué puede parecerse esta insólita situación que estamos viviendo a una guerra. Quizás no es comparable.

      O tal vez sí.

     ¿Una guerra del mundo contra un virus? Podría ser. Los países, las ideologías, las potencias económicas,… compiten entre ellos y ahora se les pide que se unan contra un enemigo común: la enfermedad.

       ¿O tal vez sea una guerra de la Naturaleza contra las economías insostenibles? Parece decirnos: “Vosotros elegís: salud o dinero”. Desde luego, no todo vale a cualquier precio.

     Pero no. La reflexión que quiero compartir con vosotros, amigos míos, es que temo que la guerra está mucho más cerca. 
     Hoy mi enemigo ha sido la estupidez de las personas que no sé qué parte de “quédate en casa” no han entendido cuando a las nueve de la mañana han llenado las calles. Estoy segura de que alguno coge la bolsa de la compra simplemente para “darse una vuelta”.
     Hoy he ido a trabajar (los bancos tenemos que dar servicio). De las personas que han acudido a la oficina, dos han entrado y salido hasta cuatro veces (no exagero): “mi tarjeta se quedó ayer en el cajero”, “mi tarjeta está bloqueada”, “no me acuerdo del PIN”, “quiero cambiarlo y no sé cómo” (todo esto la misma persona: hombre, 65 años, al que creo que le he dado un nuevo PIN de su tarjeta y le he explicado cómo cambiarlo en el cajero cada vez que ha querido utilizarla). Otro: “he bloqueado el acceso a la banca online”, “he vuelto a bloquear el acceso a la blanca online, no me acuerdo de la clave”, “no me acuerdo del PIN de la tarjeta”, “he bloqueado la tarjeta” (todo esto el mismo, un tipo con 5 euros en cuenta, nada más, que digo yo para que querrá la banca online y la tarjeta con ese capital). Puedo añadir a la lista varios “vengo a pagar un recibo”, “quería ingresar 10 euros”, “no soy cliente pero quiero pagar la comunidad de propietarios aquí porque mi banco me cobra”,… ¡Me he pasado la mañana contestando “eso lo puedes hacer desde tu casa, por Ibercaja Directo”, “puedes hacerlo en el cajero”, “debes ir a tu banco”,… cada vez con menos paciencia y más mala leche!
     Esta mañana he sentido que mi enemigo no es el coronavirus, un bicho con el que podríamos acabar quedándonos un tiempo aislados de los demás para evitar el contagio y dejar a los sanitarios que hagan su trabajo. No parece tan difícil. 
     Esta mañana resonaba en mi pensamiento la cita que hace ya 400 años dijo Hobbes “Homo homini lupus” (El hombre es un lobo para el hombre). Así es el ser humano, el único ser vivo capaz de acabar consigo mismo, que lucha contra su prójimo por naturaleza. 
     No vale que nos hagan una recomendación, tiene que ser una obligación. 
     No vale que nos los digan por televisión porque, claro, quién le hace caso a los políticos si hagan lo que hagan y digan lo que digan siempre va a ser para fastidiarnos? (demagogia, beneficio político, intereses…). No basta con eso. 
     Tiene que salir la policía a la calle para “recordarnos”, por si no nos hemos enterado, que no se puede salir de casa si no es por causa mayor. Y el ciudadano egoísta que se cree que esto no va con él y que está por encima del bien y del mal se enfrenta con los agentes de la autoridad porque el resto del mundo está confundido y ellos tienen razón, como siempre. Sólo han pasado tres días y ya se han podido hinchar de poner multas. 
     Y aquí no queda la cosa, el ejército está preparado por si tuviera que intervenir. ¡Qué fuerte!

     Este virus se cura con la vacuna de la SOLIDARIDAD. 
     Nuestra guerra no es el coronavirus. El coronavirus sí se cura. Nuestra guerra es la estupidez y el egoísmo. Se están forjando dos bandos: los de salen por ahí como si nada y arrasan en los supermercados sin importarles que el que venga detrás no encuentre aquello que necesita, y los que acatan las recomendaciones de las autoridades sanitarias y hasta evitan besar a su propio hijo por riesgo a propagar el contagio. 
     A mi abuelo le mandaron a la guerra. Nosotros, que sólo se nos pide que nos quedemos en casa, la estamos creando día tras día.
     Pero todo esto tiene una cara amable, ¡claro que sí!: La sinceridad de los aplausos desde cada ventana, la emoción de los músicos tocando al unísono desde la distancia, los gestos altruistas de artistas, empresas e instituciones cediendo gratuitamente conciertos, películas o visitas virtuales a museos, las videollamadas grupales para no dejar de tomarte un vino con los amigos…
     ¡Contagiémonos todos de GENEROSIDAD, SOLIDARIDAD y AMOR, que son y siempre serán los motores que muevan el mundo! Y cuando esto pase, démonos el abrazo de corazón más sincero que nunca hayamos dado. 
     ¡Ay, abuelito, cuánto sigo aprendiendo cada día de ti! 
     El mundo se ha convertido en una película de ciencia ficción.

Pinto, 16 de marzo de 2020

La edad no tiene edad

(Para mi madre, en su setenta cumpleaños)

El paso del tiempo es un camino cargado de vida,
un viaje de oportunidades y experiencias
un itinerario trazado a golpes de corazón.

Vivir es
sentirse vivo,
anhelar un momento,
perseguir un proyecto,
tener una ilusión, …

El tiempo se mide en recuerdos y esperanzas,
no en años,
porque la edad
no tiene edad.


Aniversario

Torbellino ausente de quehaceres,
actividad latente, urgencia sin prisas,
tiempos vivaces con compases de siesta,
bálsamo de besos para mis heridas.
Incansable, insondable, insaciable
artista de creatividad incombustible,
genio de voluntad inexcusable,
de abrazos termales remanso apacible.
A tu mesa, todo son manjares.
A tu lado no existe la nostalgia.
No cambio mi ayer por tu mañana,
ni el podría ser por compartir tu cama.